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Bueno, pues mi nombre es cintia venegas y sí, soy gorda. Por si no lo habían notado, ¿verdad?
Pero sí soy gorda. Y bueno, siempre que, cuando uno es gordo, siempre uno tiene broncas para todo, ¿no?
Yo voy a mí, o sea, a mí me gustaba mucho ver y disfrutaba yo ver los videos de gordas, pero, este, de caídas de gordas, pero ahora me preocupa, ahora me preocupa ver esos videos. Y siempre es una bronca, cuando uno es gorda, la ropa.
Yo voy a las tiendas y lo único que me quedan son los aretes, porque nada me pasa del cuello. Llego con la dependiente y le digo, señorita, ¿me quedan estos aretes?
No, señora, se le juntan con la papada. Llego, gracias, llego con la baríatra, llego con la baríatra y me dice, cintia, ¿no has bajado de peso?
Y le digo, pues, a mí me gusta comer en silencio. Y me dice, ¿y eso qué tiene que ver?
Digo, pues, que la que come callada, come dos veces, ¿no? Sí, es un pedo, güey, es un pedo.
Yo desde niña, es más, desde el vientre de mi madre yo era gorda. A mi mamá le tenían que hacer su ultrasonido desde un dron para que saliera yo completa.
¿no? Gracias.
Es una bronca. Mira, a mí siempre me gusta vestirme así de amarillo, porque la que de amarillo se viste...
En su belleza. En su belleza, confía.
Voy caminando por la calle, pasa un chamaco, me da un madrazo. Y le dice a su papá, papá, papá, bocho amarillo.