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Oigan, ¿ya vieron que toda la ciudad la están pintando de morado? Sí, yo todas las mañanas saco a mi abuelito a abrearse en su silla de ruedas ahí a la puerta de la casa.
Y ahorita que venía para acá lo vi, y lo vi todo morado. Dije, estos cabrones ya vinieron a pintármelo.
No, que me regreso por el tanque de oxígeno, ese no se lo saqué. Ay, amigos, yo vivo allá por los cerros, unos panoramas bonitos, ya saben, todo verde, porque a mí me encanta el verde.
No, no, no piensen mal, o sea, tengo unos sembradíos ahí de, pues, de este pasote, de espinacas y chiles verdes, por si alguna vez se les ofrece, ¿verdad? Entonces, venía para acá.
Venía para acá y, pues, la verdad es, como es la punta del cerro, no pasan taxis. Y pasó uno, así, de repente, y le hago la parada con lo que pude, porque, pues, traía yo la maleta y esto, y, pues, con lo que pude le hice la parada.
Y me dice, dirección, y le digo, enrique segoviano. Que me manda al...
¿por qué esa intolerancia, amigos? Si ahorita todo debe ser calma, paz, que se cierre.
Que se sienta, a ver, que se sienta esas vibras, esas vibras que llegan hasta el tuétano, amigos.