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Oigan, ¿a quién se acuerda, así como que dice, de las siete hippies? Sí.
Mira, sí vinieron de la tercera edad. No, todos tuvimos una época de piojosos, digo, de hippiosos.
Sí, pero hasta en los hippies había pedigría, ¿a poco no? Había los que se bañaban y los que no se bañaban.
Yo era de los que no se bañaban. Sí, es que era bonito tener pretextos, por ejemplo, decías, ¿sabes que si me baño, me desgasto?
O, por ejemplo, decías, no, es que hay que cuidar el agua, porque se va a acabar el planeta, y ya tenías pretexto, hombre, caramba. Pero fíjese que se han cambiado los tiempos, porque antes te encontrabas a alguien así con ropa guanga, pelo largo, así todo acá, con chanclas, y le decías, ese es mi hippie, ¿a poco no?
Ahora ves a alguien así con... Con las chanclas, la ropa aguada, el pelo largo, y le dices, ¡ese prófugo del anexo!
Pues sí, hombre, caramba, de ver, es curioso, porque hay de todo, y desde niño se te das cuenta que va a ser hippie el chamaco. De ver, estaba el niño así, la mamá estaba bañando al bebé de tres años, y el niño ya empezó a hacerse consciente de su cuerpo, que si agarra el ombligo, le dijo, mamá, este es mi ombligo, y el niño dijo, sí.
Que si agarra la nariz, dijo, mamá, este es mi nariz, dijo, sí.