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Les juro que se van a arrepentir de haber escogido esta casa para robar. ¿y por qué nos vamos a arrepentir, imbécil?
Porque la verdad aquí no hay mucho que robar. Ay, qué brazotes.
Ese conejo ni el mago frank. A ver, revisa ahí abajo.
Por favor, no nos vayas. Ya te dije que no hables por las tres.
Si el caballero quiere... Señora, no se humille.
Dice, no es no. Ay.
¡ha de ser papá! ¡silencio!
¡tápala! A ver, audita que le inventamos.
No intenten engañar a papá. Él no es ningún estúpido.
¿entonces mi esposa contrató a dos fulanos para lavar la alfombra? ¿quién quieren engañar?
Con un solo fulano es más que suficiente. ¿para qué dos?
Bueno, usted sabe cómo son las mujeres. Claro que lo sé.
Usan falda, brasier y contratan más fulanos de los necesarios para lavar la alfombra. Le digo...
Está bien. Un momento.
Solo hay una cosa que no coincide con su historia de la alfombra. Nosotros no tenemos alfombra, amigos.
¿no será que a lo que ustedes vienen es a lavar los tapetes? Claro.
Sí, los tapetes, los tapetes. Sí, los tapetes, los tapetes.
Ya decía yo. Sí, sí, tal vez.
Duro con los tapetes. Ay, perdón que se lo diga, patrón, pero debería ser un delito ser tan estúpido.
Les juro que se van a arrepentir de haber escogido esta casa para robar. ¿y por qué nos vamos a arrepentir, imbécil?
Porque, la verdad, aquí no hay mucho que robar. Algo debe de haber.
A ver, ¿dónde guardan las cosas buenas, eh? Aquí nada más veo puras baratijas, señora.
¿baratijas? Óigame, ese collar que está en el joyero es carísimo.
Me lo regaló mi marido de aniversario. ¿este collar?
Ay, por favor. Este collar es chafísimo.
¿y usted cómo sabe que es chafa? Mire, no es por presumir, pero después de tantos años en este oficio, mire, mire, mire, algo he aprendido.
Estas perlitas son de plástico. Hiciste cerco, infeliz.
Y yo jurando que ese collar era carísimo, para que venga a desmentirte un ratero piojoso. ¿qué pasó, señora?
Sin ofender, más respeto. Perdón, pero pónganse en mi lugar.
Descubrir que todo lo que me ha regalado este infeliz son baratijas. ¿baratijas?
¿quién lo dice? La que cada cumpleaños me regala un calendario de la carnicería.
Pero, al menos en navidad, yo no te regalé unos tenis, que descolgué de un cable de la luz. Pero eran de muy buena marca.
Al menos ese regalo estuvo mejor que lo que tú me diste en mi cumpleaños. Te regalé una carta de amor.
No te vayas a quedar pobre. Ya ni los jabones rosa venus que me diste en navidad.
Tú nunca me has dado nada bueno. Ni eso.
Uno ratero y la otra rara. No, ese no cuenta porque ese no me lo diste tú.
Acuérdate que es adoptado. Bueno, eso sí.
Pero entonces, si según tú, nunca te he dado nada bueno, ¿no te importará que les diga que en tu cajonera hay una playera del cruz azul autografiada por todo el equipo que vale al menos veinte mil pelucholares? ¡señorita!
¡judas! ¿con qué esas tenemos?
Ah, bueno. Pues entonces, ¿por qué no buscan en el fondo de esa zapatera...
¡no, no, no! ...
Donde no sólo encontrarán un nauseabundo olor a pies y a pollo podrido, sino también un juego de aretes y collar que alguien le robó a su hermana lucrecia? ¿qué hubo?
Entonces, ¿por qué no buscan en la caja del excusado para ver si alguien esconde ahí sus ahorros? A ver, a ver, a ver.