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Se me ha despertado el romanticismo y dice no te sientes en la arena cuando vayas a la playa porque te confundirán con una inmensa ballena. No, yo si ya me calenté.
¿ah si? ¡animal baboso!
Eso es lo más corriente que yo he visto. Espérame, mátame, pero no me dejes.
El piro. Esa frase de admiración, deseo, expresión del sentimiento hacia una fémina mujer dama señorita, señora, ceñito, ceño ha sufrido transformaciones, cambios, modificaciones, mutaciones.
El ayer y el hoy del piropo. Y para hablar del tema tenemos el día de hoy a una dama que ha recibido piropos de todo el mundo.
La poetisa costarricense tika amor. Y también tenemos a un experto en los piropos.
Los piropos modernos. Soy lo guarrón.
Tika amor. Cuéntanos, platícanos, dinos qué piensas, qué opinas acerca del tema del piropo.
Definitivamente, antes era más poético, más romántico. Una sentía que la piel se le ponía como de gallina.
Cuando por ejemplo un galante decía, del cielo bajó un ángel para pintar tu figura. Pero no encontró colores para tanta hermosura.
Vale, que eso mismo se dice ahora. Mire doña tika, haga de cuenta que yo le quiero decir el mismo piropo, pero actualizado.
Yo diría más o menos así, mire. Del cielo bajó un ángel para pintar tu figura.
Pero al pintar tantas curvas se le acabó la pintura. Hay diferencia, desigualdad.
Lo que ayer provocaba pasión, hoy provoca disgusto. Enfado, fastidio, molestia.
Pero ¿qué se ha perdido, extraviado en esta época? Es que ya no existen hombres que te digan cosas bonitas.
Mira, por ejemplo eso. Si mis manos fueran plumas y mi corazón tintero, con la sangre de mis venas, escribiría, te quiero.
No, eso sí calienta. Es romántico, señor, es poético.
Ah, ¿verdad? Hay que ir como el dermatólogo, obse al grano.
Hay que decir, por ejemplo, miren. Con esas tortas y yo sin refresco, pues eso y más me merezco.
¿tú qué sentirías si te dijeran algo así? ¿qué provocaría en ti oír esas palabras?
Pues ganas de patearlo, sin duda alguna. Sí, eso me provocaría.
Mira, por ejemplo, el otro día un señor me dijo. Cuando pasé por la calle, un pecado cometí.
Y en vez de pensar en dios, me puse a pensar en ti. ¿sabes qué?
Yo casi me regreso a besarlo. Qué tipo, qué carisma, qué inteligencia, qué cultura.
¿en alguna ocasión, en algún momento, las mujeres pueden lanzar un piropo a un hombre? Ay, bueno, no es común, pero el otro día en una conferencia, en el lanzamiento de un libro, yo lo hice.
No me quedó más remedio. Es que era un hombre tan, tan carismático, tan culto.
Tan inteligente, guapo. Y yo le dije.
Unos quieren al mundo, otros al mar. Pero yo solo de verte quiero que me ames de verdad.
Pura. Así, así, o sea, la inspiración, el romanticismo.
Ve como sí me conoce, sí me conoce. A usted, ¿alguna mujer le ha lanzado, le ha dicho, dirigido, recitado un piropo?
Sí, una chava bien lanzada. Me dijo, me dijo.
Ojos de mis amores, amor de mis alpargatas. ¿cómo quieres que te quieras si no te lavas las patas?
Todavía me acuerdo de ella, pero más de su jefecita. Llegamos al momento.
La ocasión, el tiempo de que cada invitado le diga al otro un piropo. El más romántico, poético, amoroso que el otro le provoque.
Tika, amor, es tu turno. Bueno, pues.
Viendo a este tipo, solo se me ocurriría decirle. Cuando te vi venir, parecías una amapola.
Y ahora que estás aquí, pareces sapo sin cola. No, no, pero tengo uno mejor.
Espérese, no se ha acabado mi inspiración con usted. Usted me ha despertado el romanticismo.
No le digo. Y dice, no te sientes en la arena cuando vayas a la playa.
Porque te confundirán con una inmensa ballena. No, yo sí ya me calenté, ¿no?
¿ah, sí? ¡ay!
¡animal baboso! Eso es lo más corriente que yo he visto.
Pégame, mátame, pero no me dejes. ¡pues, claro!
¡eso es una consecuencia! Tráiganme seguridad.
Yo no aguanto a este tipo. ¡quítense!
¡no me vean! ¡no me vean!
¡no me vean! ¡no me vean!
¡seguridad! Si fuera tu profesor de tercero para pasarte al cuarto, mi reina.
¡no! ¡no!
¡ay! ¡ay!
¡dios mío! ¡goof!
¡goof!