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No, que ahí está el del embargo. Ya están embargando a los lópez pérez.
¡vámonos, lópez pérez! Es que esa doña magda come frijoles y repite pollo.
Oye, esta debe ser la vigla del méndigo volantero. Échame aguas, mi benito.
Sí, ya te aviso cuando venga. Órale.
A ver si a este baboso le quedan ganas de volver aquí a tirarme sus volantes. Vamos a ver qué cara pone el cartero.
Buenas tardes. Venimos de parte del banco mexicano.
Ay, no, no, gracias. Yo no necesito ninguna tarjeta.
No se haga, señorita. La venimos a embargar.
¿embargarme? Pero si yo no le debo un peso al banco.
No, le debe miles de pesos al banco. ¿en serio?
No, no se haga, señorita. Mire, aquí dice departamento 301.
¡ah! ¡ah!
Ay, me espantó. El 301 es arriba.
Aquí es el 201. ¿segura?
Perdone usted. Disculpe la dista, pero déjeme ver si la entendí.
El 301 se cansó de ser el 301 y dijo, ay, me gustaría ser el 201. Y mágicamente se cambió de...
No, más bien el que se cansó nomás fue el 2. ¿eh?
Mire, aquí está. Perdóname, de cuates.
¿qué más quisiera yo, germán? Pero si se enteran los demás carteros, me van a obligar a tomar medidas.
¿y qué me van a hacer? Seguro me van a llenar de timbres y me van a mandar a haití, ¿o qué?
No, te voy a dejar de traer la correspondencia al edificio. ¡uy, qué miedo!
No me van a llegar mis cartas. Como si a alguien le importara el correo.
¿ah, sí? Pues a ver si los vecinos opinan lo mismo.
Pues para eso existe el correo eléctrico y los miles. ¡carmen!
Cuánta ignorancia, de veras. No, ¿verdad?
Flaquita, ¿y si los del embargo notan que cambiamos el número? Ay, por favor, arturo.
Pueden pasar meses antes de que se den cuenta. Ahí los buscan.
Que vienen a embargar. Ya lo dijo mi madre, hija.
Si te casas con ese inútil, vas a acabar en la calle. O sea, cero vamos a acabar en la calle, ¿eh?
Gracias, hijo. Es obvio que no se pueden llevar al depa.
O sea, a ver, nada más imagínate tantito, ¿no? O sea, ¿cómo lo van a cargar, güey?
O sea... Ya, ya, ya, ya.
Ya, arreglate con ellos. ¿eh?
Ándale. Sí, sí, sí.
Arturo lópez. Presente.
Digo, digo, sí, soy yo, soy yo. Muchachos, vacíen el lugar.
Se robaban el correo. No, claro que no, don roque.
En sus tiempos no había correo. Todos se comunicaban por señales de humo.
No te llevaste. No te llevaste la correspondencia.
Entonces, ¿quién se la llevó? Este, pues, el del embargo.
El del embargo. ¿y para qué quiere el del embargo en nuestra correspondencia?
No, que ahí está el del embargo. Ya están embargando a los lópez pérez.
Sí, sí, claro. ¿cómo ve, parejita?
La tele, este, digo, no está nueva ni de las recientes, ¿no? Pero, pues, todavía da el gatazo, está chida, ¿no?
Sí, se me hace que se pierda en el camino. Oigan, oigan, pues, quédense con la televisión.
Yo me hago de la vista gorda y ustedes regresan hasta mañana. ¿sale?
¿qué pasó, don? ¿por qué nos toma?
¿a poco cree que por una tele nos vamos a quemar? No, no, no, perdón, perdón, perdón, para nada.
Denos también el microondas para que valga la pena. Ay, ay, ay, déjame.
Está bien. Flaquita, flaquita, ya puedes estar tranquila.
Sí, ya me arreglé con ellos. Vaya, ya era hora.
No podíamos permitir que se llevaran nuestras cosas, arturo. Bueno, bueno.
Solo la televisión y el microondas. Todo lo demás nos lo van a dejar.
¡no! ¡de ninguna manera!
¡por esta puerta! ¿quién iba a pensar que iban a sacar todo por la ventana, verdad?